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Alegoría de las calles
Transeúntes en un largo vacío Calles cortando el horizonte Por donde se gastan los zapatos
Calles sin retorno Abrazadas a las rocas De las sombras
En ellas desciende el viento Buscando sitio Para luego perderlas O dejarlas caer Al magma envejecido de los recuerdos
Calles sin horóscopos Trizadas por las hojas Y babeando polvo Calles heridas y mutiladas Sin sólidos relojes Y lunas blancas Calles de pronto narcotizadas Por el odio Y por hongos en las retinas Sin nomenclatura Ni museos de arte Ni alambiques Para destilar la memoria Calles a menudo sin valor de Patria Con pólvora O un cuchillo Sin testigos Calles desoladas Donde se saquean sueños Y se beben espinas irascibles Bacterias Chantajes Y de vez en cuando solo de vez en cuando Vertiginosos misterios
Calles con campanarios de ceniza Cristianas como nuestra América Supurantes como los rezos Encabritadas como las espadas De los conquistadores
Hay en ellas Un calvario de famélicos Territorios Donde los dientes ejercen de dioses Y el sexo de meticulosa eucaristía
Calles en fin de aquí o allá Aferradas al delirio A la gangrena de la fe que no mueve montañas Sino que incuba cegueras A la paz que dan los muertos Cuando parten a ese abismo Sin retorno Calles en fin Que nos habitan Pregonando huesos Y amargos sonidos Como la noche que desgaja Con sus mordidas al destino. Barataria, Octubre 23 de 2003.
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